“Hay que ocupar la vida en otra cosa”: antología necesaria | Reseña

“Ocupamos el tiempo en les otres. No son los poemas un hueco para huir de la realidad sino una intervención activa en el mundo que se desarma y se vuelve a armar. Una posibilidad de diálogo con aquel que no conocemos pero sobre el que brilla la misma luna, que claro está, no brilla igual.”

Así concluye el prólogo de esta edición digital que, a fines de mayo, sacó Patronus Ediciones, con el fin exclusivo de recaudar fondos para donar a comedores infantiles del Gran Buenos Aires. Se trata de una antología poética, que reúne textos inéditos de grandes autores, todos convocados vía mail, en los albores de la primera cuarentena.

Este texto (que dice ser el prólogo) es, en realidad, un extracto del diario que cualquiera de nosotros, humanos dolientes, podríamos tener, si nos salieran las palabras en ese perfecto orden. El relato del inicio de la pandemia a través de cuadros simples, tomas fijas, planos cortos. El desconcierto, la soledad de las ventanas, los niños sueltos, como cordones de alpargatas. La nada misma del ocio, los mensajes de “te quiero”, la necesidad de hacer…

Se publica libro solidario con inéditos de grandes escritores | Perfil

A esto le siguen cuarenta páginas de poesía limpia, poesía virgen, versos alumbrados en diferentes estados de desesperación, en tiempos alternos. La magia de las telecomunicaciones hizo posible que catorce aullidos desvelados se escurran por cables invisibles y vayan a parar a un conjunto autodenominado: Antología Necesaria.

Necesaria por urgente, por útil, por fuerte. Necesaria porque algo había que hacer, como siempre que las fórmulas fallan, y se debe recurrir al instinto, a la tierra. Hubo que darle utilidad al tiempo de resaca, al mandato de hacer, de producir, de dar sentido. Y se hizo, no por capricho sino por ser necesario ayudar a los que no.

Abajo se reproduce uno de los poemas, de Osvaldo Bossi, que da título al conjunto:

Mi enfermedad

Me dijo el médico
que camine mucho. A mi edad
la vida sedentaria
suele ser un problema.
Pero si se trata del alma…
El alma, me dijo, es otra cosa.
¿Está con alguien, quiere a alguien?
–Hubo un muchacho alguna vez.
Lo quise y de algún modo
él también me quiso.
Cómo olvidar sus grandes ojos
tristes. Pero todo eso
ya fue. Ahora las noches
y las mañanas son nada más
que mías. No espero a nadie
y nadie, que yo sepa, me espera.
–Pero señor, me dijo. Señor,
hay que ocupar la vida en otra cosa,
cualquier cosa que no sea uno mismo.
Un perrito, un familar enfermo.
Salir a la calle y conversar
con la gente. Preguntarle al vecino
si está bien, si necesita algo. No sé cómo
decírselo. Pero el cuerpo se achica, la luz
se opaca, los versos no florecen.
No digo que se enamore
locamente. A nuestra edad
sería una locura. Pero salga de sí,
ame la luz de la mañana,
un perrito en la calle, cocine algo
e invite a comer a sus amigos.
Hay que querer a alguien…
–¿Y mis versos? —Alguien que esté afuera
de sus versos. –¿Y si no lo consigo?
En ese caso, no creo que dure
mucho más. Es raro. Parecerá
que vive pero habrá muerto, y nadie
notará la diferencia.
–Ah bueno, es grave entonces.
Gravísimo, señor. –¿Ni siquiera
podré escribir
los versos más tristes
esta noche? –Ni siquiera.
Un simple verso podría ser
fatal. — Lo fatal
es un hermoso poema
de Rubén Darío. –¿Quién es
Rubén Darío? –¿No lo conoce?
No. A los poetas
no los conoce nadie
y nadie los lee. Hágame caso.
Por un tiempo
nada de versitos.– Pero
sin versos para qué vivir?
Mejor que los glaciares
del olvido
me arrastren y me pierdan
despiadados, no?
–¿Los glaciares?
Lo suyo es grave, gravísimo, Señor.
Urgente se pone a caminar.

Hace unos días, a principios de julio, Patronus lanzó una segunda propuesta, esta vez una antología de cuentos, para continuar ayudando y apoyando a los comedores escolares. Y es que entre una edición y otra, hay poco tiempo pero mucho espacio.

La idea de que las palabras, los textos, salgan de su lugar de privilegio y se embarren en las calles, que se transformen en alimento, no ya de mentes sino de panzas, es una de las grandes conquistas de esta crisis mundial. Apoyemos la iniciativa!

Ningún hombre es una isla | Crítica

“No te cansas del olor a sangre”

Sabemos que los niños son esponjas que absorben todo lo que perciben. Lo sabemos por esa cualidad (no)humana que llamamos “sentido común”, aunque para común no tenga la suficiente frecuencia. Lo sabemos, también, porque las producciones artísticas lo vienen retratando de forma extraordinaria, desde el inicio de todos los tiempos.

Si hablamos de películas pienso, por ejemplo, en la Psicosis de Hitchcock, o en la perturbadora Tenemos que hablar de Kevin, de  Lynne Ramsay. Los hechos de la infancia producen, en ambos casos, efectos perturbadores. Pero supongamos que no nos volvemos sociópatas asesinos, porque quizás resulte mucho más terapéutico aislarse en una isla del sur de Chile y vivir de la cría de ovejas, sin volver a comunicarse con la sociedad por el resto de tu vida. 

“¿Por qué decírselo de esa manera? Mejor tu dile que tiene una voz maravillosa, divina, pero que la voz no lo es todo. Tu me das la voz de tu hijo y yo me encargo de ponerle el cuerpo”.

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Este es el caso de Memo, un joven al que de chico le dijeron que tenía una gran voz, pero que no podía ser su propia imagen porque no daba con el perfil que buscaban. A partir de este descubrimiento se desencadenan varios hechos que terminan haciendo que el niño Memo no quiera tener ninguna relación con la sociedad que prefería escucharlo a tener que verlo.

Habla poco, a veces entre gruñidos y no se deja ver por nadie, pero el universo mueve piezas a su alrededor y le pone delante a una chica con buenas intenciones y poca precaución. El deseo le da a Memo el empujón necesario para un ultimo viaje, uno necesario, en el cual va a detonar los fantasmas del pasado, regalándonos un final justo y sincero.

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La producción es casi en su totalidad chilena y Memo es Jorge García, uno de los actores principales de “Lost”. Gastón Pauls tiene también un pequeño pero importante rol dentro de la historia. La fotografía tiene el sello del cine independiente y está íntimamente comprometida con los silencios, casi poéticos, que marcan los hitos fuertes de la trama. Son los momentos mudos, de tomas oscuras y estáticas, los que suben la intensidad y ponen la piel de gallina.

Nadie sabe que estoy aquí es una película para ver con paciencia y tomarse el tiempo de notar la belleza del conjunto, que se redondea con un gran mensaje final.

Para ver el trailer oficial hace click acá

¿De qué me acuerdo si me pongo a recordar? | Reseña

Tengo una pequeña tradición, que arrastro de mis días de patear la calle Corrientes y hacer tiempo para entrar al Cine Lorca. Consiste en reservar un viernes al mes para ir a charlar con un librero, comprar algunas novedades y luego leerlas en un café hasta que el mozo empiece a zapatear con la punta de un solo pie. La parte más emocionante, desde ya, es la charla.

El viernes pasado, tras pasar los meses de encierro, pude volver al ruedo y en la volteada cayó Martín Kohan, con su último libro: Me acuerdo, editado por Ediciones Godot.

Martín Kohan: "La lista de recuerdos no es igual a ... | Página12

“La sensación en la palma de la mano o en la punta de los dedos, al apretar la cápsula del dado en el ‘Ludo Matic’.”

Estructurado como una antología de recuerdos, breves y dinámicos, la lectura va saltando de frase en frase, pasando apenas de reojo por las fotos en blanco y negro. A medida que avanza, uno se encuentra prestando mayor atención a ciertos detalles: la reiteración de palabras que construyen el ritmo y el tono de la narración, el uso de puntos aparte para que las pausas sean escalones, el recurso de invocar imágenes nacionales (marcas, publicidades) que empatizan y gestionan el componente emocional.

“Mi novia del micro escolar se llamaba Silvina Cosin. | El padre de Silvina Cosin tenía un Torino color azul. | Silvina Cosin dio por terminado el noviazgo haciéndome, desde la parte delantera del micro, el gesto de dedos que se desenganchan. Mi hermana, que estaba conmigo en la parte trasera del micro, me explicó lo que ese gesto significaba.”

Ediciones Godot on Twitter: "¿Se animan a hacer un #MeAcuerdo de ...

Muchas veces, lograr que un relato sea exageradamente simple, es un trabajo feroz. En este caso, lo que se percibe es una curaduría dedicada del baúl de los recuerdos. Mediante la elección de imágenes mínimas de la infancia, Kohan logra un listado de efectos en el lector, que van del humor a la nostalgia, pasando cada tanto por leves momentos de tensión.

“Mi mamá llega a mi casa aterrada. En un operativo de control, un grupo de soldados detuvo el colectivo en el que ella venia desde el trabajo (el 15: Puente Uriburu, Benavídez), hizo bajar a todos los pasajeros, apoyar las manos contra la pared, separar las piernas, para revisarlos uno por uno.”

El relato informal de eventos primarios, que aislados resultan insignificantes, forman como conjunto un pelotón de complicidad, y reivindican la importancia de las experiencias infantiles como formadoras del ser adulto. No es el dato duro del recuerdo lo que va a atraernos en esta lectura, sino lo que va a disparar en nuestra propia memoria personal-colectiva-argentina.

Otra lectura interesante es la que hace Juan Mattio en Revista Sonámbula, analizando el relato como inventario de recuerdos.


Voy buscando un mundo mejor como el Quijote” - AlfiloMartín Kohan nació en Buenos Aires en enero de 1967. Enseña teoría literaria en la Universidad de Buenos Aires. Publicó siete libros de ensayo: Imágenes de vida, relatos de muerte. Eva Perón, cuerpo y política (en colaboración) (1998), Zona urbana. Ensayo de lectura sobre Walter Benjamin (2004), Narrar a San Martín (2005), Fuga de materiales (2013), El país de la guerra (2014); Ojos brujos. Fábulas de amor en la cultura de masas (2016) y 1917 (2017); tres libros de cuentos: Muero contento (1994), Una pena extraordinaria (1998) y Cuerpo a tierra (2015); y diez novelas: La pérdida de Laura (1993), El informe (1997), Los cautivos (2000), Dos veces junio (2002), Segundos afuera (2005), Museo de la Revolución (2006), Ciencias morales (2007), Cuentas pendientes (2010), Bahía Blanca (2012) y Fuera de lugar (2016).

Hubo mejores días.

Era agosto de 2018 y aún no habían liberado ningún virus que nos impidiera salir. Podíamos juntarnos, apretujarnos, encerrarnos en lugares chicos con muchas personas. En ese tiempo se armó en la Ciudad Cultural Konex, la Feria de Editores (FED), y fueron tres días de pura felicidad.

El recuerdo de los pasillos repletos de gente chocándose los hombros, parándose en puntas de pie para ver por encima de otro, esperando su turno para pedir y comprar, se me hacen tan lejanos como las navidades en las que esperaba a que Papá Noel bajara por la escalera de la terraza. Pero ahí estábamos, disfrutando de la emoción de ver pilas de libros. El día estaba feo y hacía frío pero adentro del Konex había calor humano, calor de feria, de la adrenalina que traen las novedades.

Exitosa Feria de editores 2018 - Sobre Libros y Cultura

Me acuerdo particularmente de ese día porque ahí, en el FED, descubrí dos de los libros que marcaron, para mí, ese año. Uno fue Stoner, de John Williams, editado por Fiordo. Sobre esta novela ya hable demasiado, así que solo diré: léanla. El otro descubrimiento, más que un solo libro, fue una editorial entera. Tenemos Las Maquinas tenía su puesto de operaciones casi a mitad de salón y una chica muy elocuente al mando.

Lo primero que miré fueron las portadas: esos retratos acuarelados, grises sobre fondo hueso, el sello rojo de esa maquina con alas y piernas de mujer. Leí el título de la colección (Primeros libros) y pensé: deme dos. Luego Piglia obró su magia, haciéndose presente en su Antología Escritores Norteamericanos, una edición boutique en rojo brillante, y más que dos, fueron tres.

Los Mejores días, de Magalí Etchebarne, fue el mejor libro de cuentos que leí ese año. Cortos, contundentes, en un registro amigable, por momentos compinche y en otros, mordaz. Una voz narrativa que, aunque cambie de persona, mantiene una linea única de perspectiva, una misma presencia que vela sobre todo el libro, gestando una continuidad de tono que empatiza con el lector y lo hace parte de su universo.

“Yo no pregunté, y para no hacerlo, hice una presión tan fuerte en la boca del estómago que me da miedo haber activado alguna enfermedad silenciosa, una costumbre marital.”

Hace unos días lo volví a encontrar en mi biblioteca y en el ejercicio de hojearlo y repasar marcas de lectura se me vinieron encima muchas imágenes. La casa en las sierras, el camino cerrado hacia el río, el novio de estreno, tipo raro. Los relatos habían pasado a formar parte permanente de mi memoria y en ellos veía mi reflejo subrayando y dejando signos de admiración en los márgenes.

“Pero al revés de las formas de locura que yo había visto en las películas, esta era menos espectacular y mucho más gris, era la vida de todos los días iguales: papá daba brazadas adentro de una nube, pero la nube y papá estaban adentro de una pecera que nosotras podíamos mirar desde afuera como gigantes, con fascinación, con pánico y con desesperación. Porque dependíamos de él.”

No suelo bancar las relecturas, pero a éste mi cuerpo le tiene cariño y por eso me vuelvo a sentar, lo vuelvo a abrir y a recorrer con ojos de quién anticipa el placer venidero. Este libro me hace feliz, y punto.


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Magalí Etchebarne (Buenos Aires, 1983) estudió Letras en la UBA y trabaja como editora en Penguin Random House. Publicó relatos en revistas literarias y antologías. Los mejores días es su primer libro.

De mansplaining, vanidad y valentía

Aquí algunos comentarios que surgen de ver La librería“, película basada en la novela de la escritora inglesa Penélope Fitzgerald, y ambientada en un pueblo inglés de 1959.

Florence Green, viuda de la Segunda Guerra Mundial, luego de haber dado por finalizado el luto de 16 años por la muerte de su amado esposo, decide comprar una vieja casona y convertirla en su hogar/librería.  Su amor por la literatura y su espíritu inquieto la llenan de energía pero pronto descubre que los obstáculos burocráticos son muchos y variados.

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El conflicto principal se genera cuando la odiosa y poderosa Violet, amiga de los influencers de la época, se empeña en usar esa vieja propiedad para cumplir su vanidoso deseo de turno: abrir un centro de arte para el cual no había ni público, ni gente para dirigirlo ni el menor interés general. Ella encarna todas las paredes del status quo y en ella se dibujan las peores imágenes de la fribolidad y el esnobismo inglés.

A lo largo de toda la película se desarrollan interesantes diálogos, muy ricos en significados. En primer lugar, hay que mencionar el hecho de que todos los hombres del pueblo se sientan en la somera obligación de explicarle a Florence como dirigir su negocio. Le dan los más variados consejos, en un acto de misericordia, desde si es o no una buena inversión hasta qué libros debería vender. Las actitudes de ella frente al mansplaining son hilarantes.

 

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En segundo lugar, aparece la figura de Lolita, una novela recién publicada que genera la esperada controversia y pone a Florence en duda sobre si debería o no venderla en ese pequeño poblado. Toda novedad es disruptiva, pero el efecto de Lolita en ella fue razón suficiente para comprar varias cajas de ejemplares. “Cuando uno tiene una librería, tiene también cierto sentido de obligación y responsabilidad con la gente”, dice.

El último punto a destacar es la resolución de final, que no es la obvia, ni la esperada pero es justa, fuerte y deja en claro un profundo mensaje: todo lo que hacemos tiene un efecto inmediato en la configuración de la realidad de quienes nos rodean.

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Sin duda es una muy buena adaptación cinematográfica de una novela que vale la pena incluir en nuestras futuras lecturas.

Director: Isabel Coixet | Guionista: Isabel Coixet | Basada en una novela de Penelope Fitzgerald | Productor: Jaume Banacolocha, Joan Bas, Adolfo Blanco, Chris Curling, Albert Sagalés | Música: Alfonso de Vilallonga | Fotografía: Jean-Claude Larrieu | Montaje: Bernat Aragonés | Reparto: Emily Mortimer , Patricia Clarkson, Bill Nighy , James Lance | 2017 | Disponible en Netflix