“¿Dijo eso?. No, me lo hizo saber” | Reseña de Rabia, de Sergio Bizzio

En 2005, la editorial argentina Interzona edita Rabia, una novela inclasificable, mezcla de policial y realismo mágico, en cuya tapa se dibuja una profunda escalera caracol en impresión de bajada, mientras que el relato no hace más que subir, y subir. Con un manejo excepcional de los diálogos visuales, Sergio Bizzio refuerza su reinado sobre las novelas que se leen con la imágen en el ojo.

“No se habían movido un solo milímetro del lugar en el que estaban, parecían clavados al suelo; a pesar de que avanzaban y retrocedían permanentemente, lo hacían siempre desde y hacia el mismo punto, apoyados en movimientos de cintura, como si el impacto del flechazo les hubiera hecho perder el equilibrio.”

José María es un albañil empleado en la construcción de un edificio en plena zona residencial del bajo porteño. Rosa es una empleada doméstica que trabaja en una mansión a pocas cuadras de ahí. El día en que ambos coinciden en la misma linea de caja del supermercado Disco, el amor toma forma de canción y sus charlas y encuentros, una cuestión permanente.

Sin embargo, la criatura impulsiva y apática que vive dentro de María no le permite soportar el destrato de su capataz. Lo que sucede a partir de su reacción es un conjunto de accidentes, que llevan a este hombre a vivir escondido, por años, en esa mansión habitada por extraños.

Mucho más allá de la historia existen las conversaciones entre Rosa y María, en un plano aparte, resguardados de cualquier alusión a la realidad y sus consecuencias. Ellos son reales, frágiles y tangibles a partir de las cosas que se dicen cuando se encuentran a ambos lados de un tubo. Su historia de amor flota en sonidos comunes, entre lineas de diálogo. Éste es el gran logro de Rabia, narrar personajes con la capacidad de narrarse a sí mismos.

Más que un fantasma, en realidad, parecía una imagen de cine mudo proyectada hacia afuera de la pantalla, una imagen familiarizada con las distancias, provista de un radar extra que en los momentos de distracción, cuando estaba a punto de llevarse por delante un florero o de tropezar con el borde de una alfombra, lo alertaba y hasta parecía desmaterializarlo o disolverlo.”

Además del uso medido y sutil de metáforas visuales, que van ilustrando el relato para completar las partes que los diálogos no quieren terminar de dibujar, existe una bruma mística y solemne que envuelve la figura camaleónica de José María. El encierro cuasi voluntario cataliza su espíritu autodidacta y moldea en él, facciones de fantasma austero mientras Rosa hace equilibrio entre su frescura de recién habitada y la cruda realidad.

Sin dudas, el amor contextualizado en estructuras clasistas y violencia deshumanizada es el gran tema de esta novela, que puede leerse con el placer de la agilidad y la belleza de lo que es simple y concreto, con un gran giro dramático condensado en las ultimas lineas, anteriores al punto final.

“Su adoración por ella era tan grande que se había vuelto místico para negarla sin morir.”

_____________________________________________________

Sergio Bizzio: Villa Ramallo, 1956. Novelista, dramaturgo, poeta, guionista y director de cine. Publicó la colección de poemas “Gran salón con piano” (1982), “Mínimo figurado” (1990), “Paraguay” (1995) y “Te desafío a correr como un idiota por el jardín” (2008). Las novelas: “El divino convertible”, “Infierno Albino”, “Son del Africa”, “Más allá del bien y lentamente”, “Planet”, “En esa época”, “Rabia”, “Era el cielo”, “Realidad”, “Aiwa”, “El escritor comido” y “Borgestein”. Los libros de relatos: “Chicos”, “En el bosque del sonambulismo sexual” y “Dos fantasías espaciales”. Es autor de las obras de teatro: “Gravedad”, “La China”y “El amor”, las dos últimas en colaboración con Daniel Guebel. Varias de sus novelas y relatos fueron adaptados al cine y ha sido traducido en más de 7 idiomas.

Con un muerto en el placard | Reseña de «Que de lejos parecen moscas» de Kike Ferrari

“Le parece ridícula e insultante esa normalidad al señor Machi, lo ofende y asombra esa gente simple gastando sus gestos rutinarios, serenos, apacibles en ese barrio cualquiera de casas bajas en el conurbano bonaerense…” (p.61)

Casi siempre, la mejor forma de narrar una situación compleja es desde la simpleza y la naturalidad. Justamente, esta última es la que hace creíble a todo el conjunto. Si un hombre es mafioso, corrupto, cocainómano, arrogante y déspota, tiene que serlo por completo, en cada una de sus acciones mínimas, y tiene que disfrutarlo.

Kike Ferrari: “Uno escribe con lo que tiene: soy de River, me ...

El señor Machi goza siendo todo eso y probando nuevas formas de afirmarse en su poderío miserable. Es el tipo al que nadie contradice, al que ningún empleado quiere atender, por quien todos tiemblan, obedecen sin dudar, no preguntan. Es el personaje favorecido por la historia argentina, el que supo obtener y manejar cierta información para ascender pisando cabezas, y el que, desde la cima, se orina sobre los demás.

“Corren sobre el césped prolijamente recortado cada tres días por el ejército de jardineros. Corren junto a otros nenes idénticos a ellos, los amiguitos que sus padres les eligieron. Corren observados por cámaras estratégicamente ubicadas.” (p.202)

Sin embargo, todo esto es solo un reflejo que alcanzamos a saber a través de sus acciones, porque en esta historia lo que importa es cómo, de repente, un día, Machi rueda de un golpe hacia abajo, se cae de su propia montaña y pasa horas escalando con las uñas, subiendo poco a poco, sudando como nunca el vértigo, el llanto espástico del terror. Piensa, actúa, logra salir del pozo, se regocija, festeja. La trama lo espera y, cuando  recupera la omnipotencia, lo vuelve a patear.

Que de lejos parecen moscas de Kike Ferrari | ADN Cultura

La tercera persona que narra, casi subida al hombro de Luis Machi, no le da nunca un respiro. Maneja la sucesión de hechos, entreverados con sus propios pensamientos, recuerdos y reflexiones, en una espiral que se teje tomando lineas de la propia historia nacional, sin enredarse, sosteniendo el registro simple, limpio y directo de un tipo como él.

“La mujer vuelve a sollozar. La tristeza se le derrama por dentro dándole una tranquilidad que no le dieron el whisky ni los calmantes. Se siente triste en un sentido romántico. Humillada, se siente, y encuentra en esa humillación que le queda algo de amor propio”. (p.111)

Machi, el macho intocable, sufre el castigo de la única justicia eficiente: la poética. Gracias a ella, las figuras anónimas de los muertos sin rostro se vuelven vengadoras: manipulan, esconden, mienten, torturan y vencen. Al final, solo resta aceptar que siempre tendrá un muerto esperando en el placar.

Kike Ferrari, el escritor proletario – Gatopardo


Kike Ferrari:  Buenos Aires, 1972. Escribe en revistas y blogs literarios como el fanzine Juguetes Rabiosos, las revistas La Granada, Sudestada, Marea Popular, Cosecha Roja y Notas, Casa de las Américas, Vision y Fiat Lux, Sonámbula, Sigueleyendo y Hermano Cerdo. Autor de las novelas: Operación Bukowski, Lo que no fue, Punto ciego – en coautoria con Juan Mattio – y el libro de cuentos Nadie es inocente. En 2012 Que de lejos parecen moscas recibió el Premio Memorial Silverio Cañada a la Mejor Ópera Prima Criminar en la Semana Negra de Gijón.

El lujo es vulgaridad |Notas sobre Manuel Puig

Recuerdo leer, con notable asfixia imaginaria, una edición baratísima de Boquitas pintadas, entre las mil y una vueltas de la facultad a casa. Recuerdo una primer lectura atropellada, confundida, mezcla de impresiones e imágenes tan nítidas como las que quedan tras escenas de películas. Recuerdo, específicamente, mi representación mental de la habitación de Nené y el relato de un viaje en tren, del que solo se narra la sucesión de objetos que cruzan por la ventanilla: sustantivos separados por comas.

Puig, el vanguardista sentimental - Clarín

A la par que pienso en esa novela, me brotan de algún poro unas lineas que leí en los Diarios de Ricardo Piglia: “Anoche me encuentro con Manuel Puig, ansioso frente a cada traducción de sus libros, como si siempre los escribiera por primera vez en otra lengua. (…) Cuando le pregunté cómo había sobrevivido su relación con el castellano, siendo que había vivido muchos años en Nueva York hundido en otro idioma, me contestó con una sonrisa: ‘El español era para mí el idioma de la cama’.”

5 libros para acercarse a la obra de Manuel Puig | Ministerio de ...

El escritor meticuloso, profundamente preocupado en supervisar las traducciones de sus novelas; el que transformaba diálogos puramente orales en novelas; el hombre de General Villegas, que supo retratar con calidad cinematográfica las conductas incestuosas y violentas de un pueblo agobiante; el creador de “una literatura absolutamente desencorsetada que se permitía poner en el mismo plano textos de órdenes y categorías diversas, que ponía en el plano literario una esquelita de amor, un recorte folletinesco, el radioteatro, el cine de Hollywood y tratados de psicología y psiquiatría acerca de la homosexualidad”, como dice Selva Almada.

Cactuscultural Ute on

Vuelvo a agarrar mi ejemplar manoseado de Boquitas pintadas. En esa época todavía no subrayaba tanto, más bien hacía círculos. Los recorro y me descubro a mí misma en esa versión que era cuando lo leía. La estructura de textos por entrega, la degeneración colorimétrica de las bocas conforme avanza la historia (“Boquitas pintadas de rojo carmesí” / Boquitas azules, violáceas, negras”), la combinación de cartas, crónicas, esquelas fúnebres. El recuerdo de ese hombre que era Juan Carlos, el seductor. la mala influencia. El pueblo que convierte cada pizca de acción en melodrama.

Las cartas atadas con la cinta rosa cayeron al fuego y se quemaron sin desparramarse. “…Te juro rubia que me voy a conformar con darte un beso…”  “…no digas a nadie, ni en tu casa, que vuelvo sin completar la cura…”   “…yo hoy hago una promesa y es que me voy a portar bien de veras…”  “…Muñeca, se me termina el papel…”  “…te besa hasta que le digas basta, Juan Carlos…”

Ginsberg, Howl y ‘el mal a quien mal piensa’

¿Qué esfinge de cemento y aluminio abrió sus cráneos y devoró sus cerebros y su imaginación?
¡Moloch! ¡Soledad! ¡Inmundicia! ¡Ceniceros y dólares inalcanzables! ¡Niños gritando bajo las escaleras! ¡Muchachos sollozando en ejércitos! ¡Ancianos llorando en los parques!
¡Moloch! ¡Moloch! ¡Pesadilla de Moloch! ¡Moloch el sin amor! ¡Moloch mental! ¡Moloch el pesado juez de los hombres!
¡Moloch la prisión incomprensible! ¡Moloch la desalmada cárcel de tibias cruzadas y congreso de tristezas! ¡Moloch cuyos edificios son juicio! ¡Moloch la vasta piedra de la guerra! ¡Moloch los pasmados gobiernos!

Cuando, en 1957, Allen Ginsberg publica Aullido (Howl), es duramente censurado por obscenidad y llevado a juicio. Durante el proceso legal, la defensa argumentó basándose en la historia de Baudelaire y Whitman; en la incapacidad de saber, en el tiempo presente, el valor literario que ese libro podría llegar a alcanzar; en lo absurdo que resulta juzgar un registro de lenguaje solo porque (como alegaba la acusación) el “lector común” fuera incapaz de comprenderlo o soportarlo.

La homosexualidad en el arte, a propósito de Aullido y otros ...

¿Qué, o quién, es un lector común?: aquel que no posee conocimientos específicos que lo conviertan en un lector especializado; aquel que no tiene estudios literarios; aquel que no acostumbra a leer determinado tipo de obras. No, en el juicio contra Ginsberg, un lector común es el que se horroriza con el vocabulario que él usa, sin poder soportar que un significante duro tenga, a su vez, un tono duro.

Vi las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura, hambrientas histéricas desnudas,
arrastrándose por las calles de los negros al amanecer en busca de un colérico pinchazo(…)

A pesar de todos los artilugios conservadores del demandante, al último aliento de la defensa (“¡Let there be light!”) devino un hermoso discurso de entendimiento e inclusividad por parte del juez, quien dio a entender que no dependía del autor que las masas comprendieran su lenguaje, que éste solo debía servir al personaje, y cerró el caso citando en latín: “El mal a quien mal piensa”.

El aullido | Doblaje Wiki | Fandom

En 2010 salió la película “Howl”, basada en entrevistas al propio Ginsberg y material del juicio. Con James Franco de protagonista, el film retrata el proceso creativo de Allen, el contexto en el que vivió reprimiendo su propia naturaleza, la soledad, la libertad, el amor a Kerouac, la educación sentimental que vive a su lado, el tiempo del manicomio, su amistad con Carl Sálomon, la historia de su madre y la forma en que su poesía se convierte en Aullidos de reclamo y pasión.

“Nadie se escandaliza por los sentimientos”, dice Allen al mismo tiempo que grita denunciando los horrores de la sociedad norteamericana de fines de los 50′; aullidos por la libertad de ser y amar, de valorar la belleza de la vida tal cual es, en toda su imperfecta y horrible descomposición.

Nota A Pie De Página Para “Aullido”
¡Santo! ¡Santo! ¡Santo! ¡Santo! ¡Santo! ¡Santo! ¡Santo! ¡Santo! ¡Santo! ¡Santo! ¡Santo! ¡Santo! ¡Santo! ¡Santo! ¡Santo!
¡El mundo es santo! ¡El alma es santa! ¡La piel es santa! ¡La nariz es santa! ¡La lengua y la verga y la mano y el agujero del culo son santos!
¡Todo es santo! ¡todos son santos! ¡todos los lugares son santos! ¡todo día está en la eternidad! ¡Todo hombre es un ángel!
¡El vago es tan santo como el serafín! ¡el demente es tan santo como tú mi alma eres santa!
¡La máquina de escribir es santa el poema es santo la voz es santa los oyentes son santos el éxtasis es santo!
¡Santo Peter santo Allen santo Solomon santo Lucien santo Kerouac santo Huncke santo Burroughs santo Cassady santos los desconocidos locos y sufrientes mendigos santos los horribles ángeles humanos!
¡Santa mi madre en la casa de locos! ¡Santas las vergas de los abuelos de Kansas!

¡Santo el gimiente saxofón! ¡Santo el apocalipsis del bop! ¡Santas las bandas de jazz marihuana hipsters paz peyote pipas y baterías!
¡Santa las soledades de los rascacielos y pavimentos! ¡Santas las cafeterías llenas con los millones! ¡Santos los misteriosos ríos de lágrimas bajo las calles!
¡Santo el argonauta solitario! ¡Santo el vasto cordero de la clase media! ¡Santos los pastores locos de la rebelión! ¡Quien goza Los Ángeles es Los Ángeles!
¡Santa New York santa San Francisco santa Peoria & Seattle santa París santa Tánger santa Moscú santa Estambul!
¡Santo el tiempo en la eternidad santa eternidad en el tiempo santos los relojes en el espacio la cuarta dimensión santa la quinta Internacional santo el ángel en Moloch!
¡Santo el mar santo el desierto santa la vía férrea santa la locomotora santas las visiones santas las alucinaciones santos los milagros santo el globo ocular santo el abismo!
¡Santo perdón! ¡compasión! ¡caridad! ¡fe! ¡Santos! ¡Nosotros! ¡cuerpos! ¡sufriendo! ¡magnanimidad!
¡Santa la sobrenatural extra brillante inteligente bondad del alma!

 

“Hay que ocupar la vida en otra cosa”: antología necesaria | Reseña

“Ocupamos el tiempo en les otres. No son los poemas un hueco para huir de la realidad sino una intervención activa en el mundo que se desarma y se vuelve a armar. Una posibilidad de diálogo con aquel que no conocemos pero sobre el que brilla la misma luna, que claro está, no brilla igual.”

Así concluye el prólogo de esta edición digital que, a fines de mayo, sacó Patronus Ediciones, con el fin exclusivo de recaudar fondos para donar a comedores infantiles del Gran Buenos Aires. Se trata de una antología poética, que reúne textos inéditos de grandes autores, todos convocados vía mail, en los albores de la primera cuarentena.

Este texto (que dice ser el prólogo) es, en realidad, un extracto del diario que cualquiera de nosotros, humanos dolientes, podríamos tener, si nos salieran las palabras en ese perfecto orden. El relato del inicio de la pandemia a través de cuadros simples, tomas fijas, planos cortos. El desconcierto, la soledad de las ventanas, los niños sueltos, como cordones de alpargatas. La nada misma del ocio, los mensajes de “te quiero”, la necesidad de hacer…

Se publica libro solidario con inéditos de grandes escritores | Perfil

A esto le siguen cuarenta páginas de poesía limpia, poesía virgen, versos alumbrados en diferentes estados de desesperación, en tiempos alternos. La magia de las telecomunicaciones hizo posible que catorce aullidos desvelados se escurran por cables invisibles y vayan a parar a un conjunto autodenominado: Antología Necesaria.

Necesaria por urgente, por útil, por fuerte. Necesaria porque algo había que hacer, como siempre que las fórmulas fallan, y se debe recurrir al instinto, a la tierra. Hubo que darle utilidad al tiempo de resaca, al mandato de hacer, de producir, de dar sentido. Y se hizo, no por capricho sino por ser necesario ayudar a los que no.

Abajo se reproduce uno de los poemas, de Osvaldo Bossi, que da título al conjunto:

Mi enfermedad

Me dijo el médico
que camine mucho. A mi edad
la vida sedentaria
suele ser un problema.
Pero si se trata del alma…
El alma, me dijo, es otra cosa.
¿Está con alguien, quiere a alguien?
–Hubo un muchacho alguna vez.
Lo quise y de algún modo
él también me quiso.
Cómo olvidar sus grandes ojos
tristes. Pero todo eso
ya fue. Ahora las noches
y las mañanas son nada más
que mías. No espero a nadie
y nadie, que yo sepa, me espera.
–Pero señor, me dijo. Señor,
hay que ocupar la vida en otra cosa,
cualquier cosa que no sea uno mismo.
Un perrito, un familar enfermo.
Salir a la calle y conversar
con la gente. Preguntarle al vecino
si está bien, si necesita algo. No sé cómo
decírselo. Pero el cuerpo se achica, la luz
se opaca, los versos no florecen.
No digo que se enamore
locamente. A nuestra edad
sería una locura. Pero salga de sí,
ame la luz de la mañana,
un perrito en la calle, cocine algo
e invite a comer a sus amigos.
Hay que querer a alguien…
–¿Y mis versos? —Alguien que esté afuera
de sus versos. –¿Y si no lo consigo?
En ese caso, no creo que dure
mucho más. Es raro. Parecerá
que vive pero habrá muerto, y nadie
notará la diferencia.
–Ah bueno, es grave entonces.
Gravísimo, señor. –¿Ni siquiera
podré escribir
los versos más tristes
esta noche? –Ni siquiera.
Un simple verso podría ser
fatal. — Lo fatal
es un hermoso poema
de Rubén Darío. –¿Quién es
Rubén Darío? –¿No lo conoce?
No. A los poetas
no los conoce nadie
y nadie los lee. Hágame caso.
Por un tiempo
nada de versitos.– Pero
sin versos para qué vivir?
Mejor que los glaciares
del olvido
me arrastren y me pierdan
despiadados, no?
–¿Los glaciares?
Lo suyo es grave, gravísimo, Señor.
Urgente se pone a caminar.

Hace unos días, a principios de julio, Patronus lanzó una segunda propuesta, esta vez una antología de cuentos, para continuar ayudando y apoyando a los comedores escolares. Y es que entre una edición y otra, hay poco tiempo pero mucho espacio.

La idea de que las palabras, los textos, salgan de su lugar de privilegio y se embarren en las calles, que se transformen en alimento, no ya de mentes sino de panzas, es una de las grandes conquistas de esta crisis mundial. Apoyemos la iniciativa!