La hermosa libertad de haberse quitado el zapato que le producía el malestar. 

Carla se revuelve brutalmente en su asiento. Lleva puesto un vestido corto, oscuro, suave a la vista y quizás al tacto. Sus botas negras raspan el piso queriendo sacar lustre a la baldosa. Se dobla para un lado, se arrepiente, gira sobre su propio eje, se dobla para el otro. Verla ahí sentada, retorciéndose comoSigue leyendo “La hermosa libertad de haberse quitado el zapato que le producía el malestar. “

Las flores que había guardado en mis bolsillos se esfumaron

–Que saliera a caminar en una tarde tan hermosa como aquella no era ninguna novedad, dice Fresia, que empezó a contar la anécdota sentada en su sillón de pelos rosados y había migrado lentamente, como un gusanito de seda, hasta quedar sentada sobre la mesa de café, –todos conocen mi gusto por los paseos alSigue leyendo “Las flores que había guardado en mis bolsillos se esfumaron”

Una tarde cualquiera al borde del destino.

“Agarrame de la mano, tan suave que parezca una caricia. Esperame mientras decido si te sigo. Cuando te mire a los ojos ya estaré lista. Acompañame a bajar las escaleras, con cuidado de no tropezar con algún tablón desplazado o mejor baja conmigo, a mi ritmo, trata de sentir mi desconcierto. Caminemos lento, no haySigue leyendo “Una tarde cualquiera al borde del destino.”

Lo que queda son canciones.

El hombre de bigotes la miró confundido. Se tiraba de los pelos laterales que le cubrían las comisuras, pensativo, haciendo tiempo mientras se le ocurría algo. La vista fija en el suelo, en el punto exacto donde estaba ella, donde terminaba su vestido. Evaluó agacharse para nivelar sus alturas. Terminó sentado como un indio, poseSigue leyendo “Lo que queda son canciones.”