Pero les sucedió el tiempo.

Caía la lluvia. Como brea. Como mermelada de cristal. Caía feroz, implacable, insólita. La ventana esmerilada, marco de madera grueso y garabateado, cumplía en empañarse como quien toma un compromiso estable y duradero. Ricardo se empeñaba en limpiarla, con el puño cerrado enfundado en la manga del sweter azul, con la esperanza afligida, agazapada, escondidaSigue leyendo “Pero les sucedió el tiempo.”