El lujo es vulgaridad |Notas sobre Manuel Puig

Recuerdo leer, con notable asfixia imaginaria, una edición baratísima de Boquitas pintadas, entre las mil y una vueltas de la facultad a casa. Recuerdo una primer lectura atropellada, confundida, mezcla de impresiones e imágenes tan nítidas como las que quedan tras escenas de películas. Recuerdo, específicamente, mi representación mental de la habitación de Nené y el relato de un viaje en tren, del que solo se narra la sucesión de objetos que cruzan por la ventanilla: sustantivos separados por comas.

Puig, el vanguardista sentimental - Clarín

A la par que pienso en esa novela, me brotan de algún poro unas lineas que leí en los Diarios de Ricardo Piglia: “Anoche me encuentro con Manuel Puig, ansioso frente a cada traducción de sus libros, como si siempre los escribiera por primera vez en otra lengua. (…) Cuando le pregunté cómo había sobrevivido su relación con el castellano, siendo que había vivido muchos años en Nueva York hundido en otro idioma, me contestó con una sonrisa: ‘El español era para mí el idioma de la cama’.”

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El escritor meticuloso, profundamente preocupado en supervisar las traducciones de sus novelas; el que transformaba diálogos puramente orales en novelas; el hombre de General Villegas, que supo retratar con calidad cinematográfica las conductas incestuosas y violentas de un pueblo agobiante; el creador de “una literatura absolutamente desencorsetada que se permitía poner en el mismo plano textos de órdenes y categorías diversas, que ponía en el plano literario una esquelita de amor, un recorte folletinesco, el radioteatro, el cine de Hollywood y tratados de psicología y psiquiatría acerca de la homosexualidad”, como dice Selva Almada.

Cactuscultural Ute on

Vuelvo a agarrar mi ejemplar manoseado de Boquitas pintadas. En esa época todavía no subrayaba tanto, más bien hacía círculos. Los recorro y me descubro a mí misma en esa versión que era cuando lo leía. La estructura de textos por entrega, la degeneración colorimétrica de las bocas conforme avanza la historia (“Boquitas pintadas de rojo carmesí” / Boquitas azules, violáceas, negras”), la combinación de cartas, crónicas, esquelas fúnebres. El recuerdo de ese hombre que era Juan Carlos, el seductor. la mala influencia. El pueblo que convierte cada pizca de acción en melodrama.

Las cartas atadas con la cinta rosa cayeron al fuego y se quemaron sin desparramarse. “…Te juro rubia que me voy a conformar con darte un beso…”  “…no digas a nadie, ni en tu casa, que vuelvo sin completar la cura…”   “…yo hoy hago una promesa y es que me voy a portar bien de veras…”  “…Muñeca, se me termina el papel…”  “…te besa hasta que le digas basta, Juan Carlos…”

Publicado por Natalia Amendolaro

Buenos Aires, Argentina. 1990 Lectora voraz. Escritora de servilletas. Periodista cultural. Autora del blog Escriarte y del libro "Resultó que éramos libres" Colabora en la revista Liberoamerica, Sonámbula y el portal de noticias Realidad Sanmartinense. En la búsqueda permanente de nuevas formas de unir arte con palabras.

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