Ningún hombre es una isla | Crítica

“No te cansas del olor a sangre”

Sabemos que los niños son esponjas que absorben todo lo que perciben. Lo sabemos por esa cualidad (no)humana que llamamos “sentido común”, aunque para común no tenga la suficiente frecuencia. Lo sabemos, también, porque las producciones artísticas lo vienen retratando de forma extraordinaria, desde el inicio de todos los tiempos.

Si hablamos de películas pienso, por ejemplo, en la Psicosis de Hitchcock, o en la perturbadora Tenemos que hablar de Kevin, de  Lynne Ramsay. Los hechos de la infancia producen, en ambos casos, efectos perturbadores. Pero supongamos que no nos volvemos sociópatas asesinos, porque quizás resulte mucho más terapéutico aislarse en una isla del sur de Chile y vivir de la cría de ovejas, sin volver a comunicarse con la sociedad por el resto de tu vida. 

“¿Por qué decírselo de esa manera? Mejor tu dile que tiene una voz maravillosa, divina, pero que la voz no lo es todo. Tu me das la voz de tu hijo y yo me encargo de ponerle el cuerpo”.

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Este es el caso de Memo, un joven al que de chico le dijeron que tenía una gran voz, pero que no podía ser su propia imagen porque no daba con el perfil que buscaban. A partir de este descubrimiento se desencadenan varios hechos que terminan haciendo que el niño Memo no quiera tener ninguna relación con la sociedad que prefería escucharlo a tener que verlo.

Habla poco, a veces entre gruñidos y no se deja ver por nadie, pero el universo mueve piezas a su alrededor y le pone delante a una chica con buenas intenciones y poca precaución. El deseo le da a Memo el empujón necesario para un ultimo viaje, uno necesario, en el cual va a detonar los fantasmas del pasado, regalándonos un final justo y sincero.

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La producción es casi en su totalidad chilena y Memo es Jorge García, uno de los actores principales de “Lost”. Gastón Pauls tiene también un pequeño pero importante rol dentro de la historia. La fotografía tiene el sello del cine independiente y está íntimamente comprometida con los silencios, casi poéticos, que marcan los hitos fuertes de la trama. Son los momentos mudos, de tomas oscuras y estáticas, los que suben la intensidad y ponen la piel de gallina.

Nadie sabe que estoy aquí es una película para ver con paciencia y tomarse el tiempo de notar la belleza del conjunto, que se redondea con un gran mensaje final.

Para ver el trailer oficial hace click acá

Publicado por Natalia Amendolaro

Buenos Aires, Argentina. 1990 Lectora voraz. Escritora de servilletas. Periodista cultural. Autora del blog Escriarte y del libro "Resultó que éramos libres" Colabora en la revista Liberoamerica, Sonámbula y el portal de noticias Realidad Sanmartinense. En la búsqueda permanente de nuevas formas de unir arte con palabras.

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