Que se entrometa la dictadura en tu recuerdo de Titanes en el Ring

Cuando uno es chico tiene los ojos atravesados por papelitos de colores, un rollo de celofán arcoiris, gracias al cual, vemos al mundo de una forma que nunca jamás volveremos a recuperar…salvo en el recuerdo.

De niños, los juegos, las golosinas, las plazas, las calles, las baldosas, los colectivos, los semáforos, las tarteletas de frutilla, los gatos, el batón rosa de plumetí de la vecina, la navidad y la posibilidad de comer, eternamente, salchichas con puré, son cosas que afectan la objetividad de nuestros pensamientos, y a consecuencia, el recuerdo que tenemos de momentos en los cuales esos elementos estuvieron presentes, encandilando toda la escena con su brillo de feliz ingenuidad.

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Julián López supo muy bien todo esto al momento de elegir escribir, desde la voz de un chico, el relato de Una muchacha muy bella, una novela que parte del recuerdo, soltando  circunstancia(les) de tiempo como pistas, migas de pan, haciendo especial énfasis en los detalles que al niño le llamaron la atención en ese momento, detalles ínfimos si se tiene en cuenta el contexto completo, pero que eran el mundo entero para esos ojos.

En esta historia hay una madre joven que vive sola con su hijo en un edificio de tres pisos por escalera en un barrio de Buenos Aires. Hay una vecina, ex cantante de tango, completamente ahogada en satén rosa y plumetí, que presta su teléfono las (muchas) veces que resulte necesario. Hay situaciones extrañas en las cuales esa joven madre debe ausentarse, entre nervios feroces y silencios, con la libreta de ahorros en el bolsillo, la cara lavada y el pelo recogido, para volver luego de un rato, aún más nerviosa, aún más pálida. Hay muchos llamados telefónicos que no se atienden. Hay hombres de verde que marchan en sentidos contrarios. Hay una hermana que viene de la provincia, dos pollos de campo y “la mentira mas grande de occidente”: la navidad.

Mientras uno, como lector, se va adentrando en el relato, poniéndose cada vez más incómodo por la poca información que recibe sobre todo lo que sucede en torno al niño, él presta atención al detalle de haber recibido tres Topolin y dos chocolatines Jack, algo inusual, que sin duda tenía el propósito de encubrir. El relato del festejo de la nochebuena es otro gran ejemplo, otro gran momento, en el que la descripción acalorada y desesperada que hace de la hermana de la vecina, recién llegada, obnubila toda la escena, sin importar que horas antes estaban encerrados, con las persianas bajas, las caras escondidas entre las rodillas. Todo se filtra en esos ojos de niño inquieto, feliz de descubrir momentos por primera vez.

 

Una muchacha muy bella es, sin duda, el relato del recuerdo que tiene un niño de su madre, contextualizado, a duras penas, en los inicios de la última dictadura militar, con la inoportunidad de caer en medio de una presentación teatral de “Titanes en el Ring”, e impedir que se pueda disfrutar del gran final. Son las marcas de una infancia vista a través de celofanes de color.


Julián López: "Me interesaba el enorme misterio que es el vínculo ...Julián López: Buenos Aires, 1965.  Es autor del libro de poemas “Bienamado” y de la novela “Una muchacha muy bella”, que fue publicada primero en Eterna Cadencia en la Argentina y luego en Holanda, Francia y los Estados Unidos. En 2018 publicó “La ilusión de los mamíferos”. Desde 2006 codirige el ciclo de lecturas “Carne Argentina”.

 

 

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