El gusto del primer beso

Ayer fue sábado. Lo sé porque hoy es domingo, o eso dice el cuadradito blanco en el costado derecho de la pantalla de esta computadora (¿la tuya dice lo mismo?). Suponiendo que es verdad, entonces ayer, sábado, desperté con una vaga sensación de control a causa de tener un plan sólido: iba a desayunar revisando los portales de noticias (casi exclusivamente culturales), iba a renovar el mate mirando el único programa de televisión que aún sigo (se los recomiendo), iba a limpiar la casa y a lavar las sábanas, iba a almorzar un rejunte de sobras de todo lo que había estado cocinando en los últimos días y luego iba a pintarme las uñas. Sí, en cuarentena igual me pinto las uñas, si me las veo feas me da tristeza.

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Sin embargo, como todos los planes maestros, este tenía una falla: las actividades antes listadas me alcanzaron para cubrir el día solo hasta las cinco de la tarde, hora que coincidió con la lluvia, con el cielo anocheciendo empetrolado, los pájaros volando en círculos, las vecinas entrando a los gatos. Pensé en ponerme a escribir, prendí la computadora, abrí el archivo de word, lo miré fijamente por media hora, hasta que el brillo blanco me puso a ver destellos rojos. Pensé entonces en apagar todo y hacer Yoga. Desenrosqué el mat, me senté con las piernas cruzadas y desde ahí me pasé otra media hora mirando por la ventana, hasta que ya no hubo luz que genere imagen.

Finalmente me resigne a la improductividad, me ovillé en el sillón y busqué en Netflix una serie que ya vi entera siete u ocho veces, que sé de memoria, desde el primer capítulo que vi allá por el 2004 en Warner Channel, hasta el último, siete temporadas mas tarde, en donde todo se resuelve con la felicidad de las comedias románticas de los 90. Y ahí estaban, las chicas Gilmore, preparándose para asistir al casamiento de Lane, la mejor amiga de Rory, un personaje hilarante que lucha contra su madre (coreana, cristiana ortodoxa) para cumplir su destino de ser una estrella de rock, en la banda del pueblo. Su energía disidente siempre inspira.

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Entonces, ahí estaba yo, ovillada, mirando esa serie que es un compendio de lugares comunes creando la falsa ilusión de que todo está o estará bien, pensando que Lane me recuerda a una compañera de la primaria, Celeste, también coreana, también disruptiva, que siempre me ganaba la bandera, que se enojaba si le preguntabas por sus tradiciones, que no hablaba más que español e inglés.

Lane casándose con Zack, haciendo la fiesta en la plaza del pueblo, mesas sobre el césped, la banda delante de la pérgola, tocando “I´m a Believer” , todos bailando juntos, abrazándose, tomando shots de tequila y haciendo brindis vergonzosos. Tuve la sensación de estar mirando  un documental sobre otra especie, diferente a la mía, que ya no se abraza, no se besa, no se congrega. Hice fuerza con la memoria y no pude recordar exactamente cuándo fue la última vez que asistí a un festejo en esa escala, la última vez que abracé o besé, o a quién.

Couples - Zach & Lane (Gilmore Girls) "Lane, will you marry me ...

¿Cómo será ese primer encuentro con un otro después de tanto tiempo de no encontrarse? ¿se pusieron a pensar que olor tendrá ese primer abrazo, que gusto tendrá ese primer beso? ¿a quién irían a buscar primero?

 

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