Aislamiento fake: crónicas de encierro #1

Domingo 15 de marzo: en Argentina se empezaron a tomar medidas de prevención ante el avance del Coronavirus. Se suspendieron las clases y se pidió a la población que trate de movilizarse lo menos posible. Se cancelaron los vuelos internacionales y se cerraron las fronteras. ¿Estamos realmente blindados ante el mundo? ¿Es algo posible de hacer en un planeta hiper globalizado? Primer momento inquietante: habrá que generar contenido virtual para sobrellevar los talleres que no se darán.

Lunes 16 de marzo: Todos aquellos que pudieron se transformaron en tele-workers. Quienes ya lo éramos, mantenemos nuestro cronograma habitual. Los chicos están a salvo en sus casas. ¿Están los chicos a salvo en sus casas, o salen al club, al parque, al shopping? Se cancelan eventos culturales de todo tipo. Hay menos gente en la calle, sobre todo porque estamos echando a los turistas. Segundo momento inquietante: Internet empieza a funcionar mal. ¿Hay que empezar a racionar el streaming?

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Martes 17 de marzo: Me cancelaron la reunión de esta mañana. Quizás no tenga razones  suficientes para sacarme el pijama. Conecto el noticiero en la tablet, veo como filman a la gente haciendo fila en los ingresos a la costa. Igual no son vacaciones. Viene mi alumna de la tarde (me tuve que sacar el pijama) y me cuenta que todo está muy frenado y vacío. Todavía podemos salir a caminar por donde no haya gente así que aprovecho y me mando a la montaña. Respiro hondo, por si más adelante ya no pueda hacerlo. Tercer momento inquietante: observo que el gimnasio de al lado sigue abierto y con mucha gente sudando en equipo dentro de un espacio confinado…

Miércoles 18 de marzo: Conferencia de prensa del intendente. Van a ser más estrictos con los controles a efectores turísticos. Planillas, termómetros. Hoteles liberados para ser usados eventualmente como hospitales provisorios. Flash-back de serie sobre la Segunda Guerra Mundial (enfermeras con enaguas/jeringas de vidrio/telas colgando de las camas a modo de aislamiento). Trabajo un rato, hago yoga (o finjo hacerlo), voy al almacén (no sé calcular provisiones para más de cuatro días) y a visitar a mis padres. Mate individual, película de terror que no llegó a ganarle a la realidad. Tras la cena breve ataque de pánico: parece que podría profundizarse el aislamiento preventivo. Cuarto momento inquietante: tengo que comprarle más comida al gato y dejar de mirar tantos noticieros.

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Jueves 19 de marzo: Amanecemos con las portadas de todos los diarios del país empujando el mismo carro. Positivo, pero inquietante. Esta vez intento hacer yoga seriamente. Scroleo un buen rato todo el contenido que se fue liberando en Internet en los últimos días. Streaming de películas, cursos virtuales, visitas guiadas a museos del mundo, toneladas morbosas de libros en PDF. En el noticiero, un panel de “expertos” analiza la situación. Infobae reemplazo su cabecera tradicional de valores cambiarios por el indice de muertos. Extraño ver el precio de venta del dolar, en sus tres variantes. Anuncian nuevas medidas, que serán informadas esta noche. Mientras tanto, me siento en la puerta del departamento. Trato de leer al sol. Salen mis vecinas a sus puertas y se arma una reunión de consorcio con 5 metros de distanciamiento social. Quinto momento inquietante: nadie sabe muy bien lo que hace así que todos hacemos lo que nos parece.

Viernes 20 de marzo: Ahora si que no podes salir ni a la esquina. Salvo al almacén, farmacia o ferretería. Se concreto el aislamiento preventivo total. A pesar de que todos compartimos los Hashtags de #QuedateEnCasa hay subnormales queriendo vacacionar.  Al parecer los trending-topics no son tan influencers. El presidente prometió ser inflexible. Deberían poner a los descarriados a desinfectar las estaciones de tren. La radio local pide que dejen de viralizar audios falsos. Alimentar el pánico social es más peligroso que exponerse al virus. Descargo algunas películas por si se corta el servicio de Internet. Sexto momento inquietante: si se cortara la luz, la sensación de soledad tomaría una nueva dimensión Orwelliana siniestra.

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Controles policiales impiden el ingreso de turistas a Pinamar.

Sábado 21 de marzo: La gente comparte su encierro por redes sociales. Algunos son graciosos, otros bailan sobre el delirio místico. Siguen advirtiendo sobre el uso responsable de Internet. ¿Cómo racionar un servicio que en los últimos años se fue transformando en una forma de vida para toda una generación? Pienso de nuevo en la Segunda Guerra Mundial. La gente aislada, en sótanos, sin siquiera una radio. Entiendo el concepto pero no lo comparto. Somos, para bien o para mal, otra generación. ¿Vivimos treinta años demasiado cómodos? Puede ser. La última vez que pasamos una crisis nacional (2001) éramos demasiado chicos y no la llegamos a entender. Nos acostumbramos al estado ausente, a pensar en estudiar para irnos a trabajar a otro país. Nos acostumbramos a estar en muchos sitios a la vez, a globalizar. Ahora tenemos que quedarnos quietos, encerrados, advirtiendo que todo eso que antes era una solución, ahora es parte del problema. Necesitamos la paciencia que nunca supimos tener. Séptimo momento inquietante: el silencio hace mucho ruido.

Domingo 22 de marzo: Ayer dí vuelta el departamento, puse la mesa más cerca de la ventana, descolgué las cortinas. Quiero poder ver todo el afuera que sea posible. Milité contenido de calidad en redes para dejar de encontrarme historias apocalípticas. Me tienen harta con el papel higiénico. Entendamos que existe el videt y aprovechemos para crear. El Arte nos puede salvar.  También salí a sacar la basura. Me sentí orgullosa de ver una ciudad completamente cerrada. Ni los perros callejeros deambulaban. Después imaginé una escena de la primer temporada de The Walking Dead y entré apurada. No miré el noticiero en todo el día y gracias a eso pude dormir a la noche. Desconectarse tiene su punto a favor. Hoy, el silencio de la primera mañana ya no sonó tan aterrador. Se sintió fresco, pacífico, atravesado por aves que no entienden de cuarentenas.

Parafraseando al Marquéz de Sade, quizás este sea un buen momento para “poner orden a nuestras pasiones”. Sigamos conectados, responsablemente, pensando en todas esas cosas que decíamos que queríamos hacer cuando tuviéramos tiempo. Propongamos (propongo) subir a nuestras redes solo aquellas cosas que aporten valor, entretengan, hagan reír o inspiren. Para lo demás, ya cada uno tiene su cabeza.

 

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