Silvi y la noche oscura

(Reseña escrita para EntreVidas TV)

“Silvi se expandió en un soplo, un aullido, un grito. Un gemido largo le tomó la boca, los jadeos le enredaron el pelo. Silvi flotaba alto, rodeada de viento, hasta que el hombre se derrumbó sobre su espalda y ella sintió que le aplastaba el cuerpo.”

¿Cuántos de ustedes recuerdan su primera vez? Me refiero a recordar realmente el conjunto de sensaciones que formaron esa experiencia. Rebusquen, hagan el esfuerzo. Fijense si entre medio de esa maraña de miedo, incertidumbre y velocidad hay algo parecido al placer. ¿Está?. Lo más probable es que no lo encuentren porque, francamente, ¿cómo reconocerlo a la primera?. Y sin embargo, a Silvi el placer le llenó la boca, le enredo el pelo y “de pronto fue como si una ola la tomara por debajo y la elevara y la mostrara allí, en el aire, en la mezcla de olores del aire.”

De madre católica practicante, en un pueblo con montañas y lagos, acostumbrada a presenciar los ritos de la extremaunción, la penitencia y la culpa, Silvi descubre el amor en la pelusita de bellos rubios del pecho de un joven mormón.  La invade la locura de la pasión adolescente, la urgencia del deseo, las fantasías de amor eterno. En su espiral de determinación choca contra las prohibiciones que rigen a los pueblos chicos, la religión que impone reglas castradoras y el culto a las apariencias. “La noche oscura” debe ser atravesada, declaró el cura, pero Silvi encuentra la manera de resistir, de transgredir y resignificar la perdida de la virginidad.

En este cuento de Federico Falco, que forma parte del libro “Un cementerio perfecto”, editado por Eterna Cadencia en 2016,  no es el sexo lo importante, sino la pasión. El significado de perseguir un fin apasionadamente, de consumirse, inmolarse y renacer en el fuego de un deseo que no se origina en la carne sino en la construcción de la personalidad durante los tiernos años de la adolescencia. La rebeldía inflamable, las ganas de querer ser.

(EscriTip: presten atención a los nombres de los personajes principales. A este cuento no le sobra nada.)

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Mientras escribía esta reseña escuchaba: P!nk – Try

 

Publicado por Natalia Amendolaro

Buenos Aires, Argentina. 1990 Lectora voraz. Escritora de servilletas. Periodista cultural. Autora del blog Escriarte y del libro "Resultó que éramos libres" Colabora en la revista Liberoamerica, Sonámbula y el portal de noticias Realidad Sanmartinense. En la búsqueda permanente de nuevas formas de unir arte con palabras.

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