Tiraste la piedrita y cayó en la Rayuela

Te despertas temprano, sabes que el día es largo, que tenes que estar atenta. Te despertas pero no te levantas enseguida. Te revolvés como una criatura entre las sábanas, tan suaves, el pantaloncito de razo resbalando casi  suelto va y viene, pero todo eso dura un segundo, pegas un salto en el que salen volando las medias, prendes la radio y en vez de un hada madrina que te vista echando polvos mágicos a tu alrededor encontras al genio de la lampara que te dice “voy a ser tu mayordomo y vos harás el rol de señora bien”. Esa frase siempre te electrizó, señora bien, pero necesitas zapatos, te decís, y todo lo demás también. Entonces pones a calentar el agua para el café, abrís el placar y sin pensarlo demasiado, sacas la rayuela, esa remera que compraste una vez en San Telmo, en una casucha antigua que daba miedo, que se bancó mil lavados sin mosquear, la miras con ojos de madre amorosa y le decís que hoy van a ir a un lugar especial, donde se va a poder lucir. Acto seguido tanteas un poco y sacas al tacto un pantalón, la música viró inexplicablemente y la referencia a mujeres con poca ropa te hace acordar de ese corpiño en el que te sentís Audrey Hepburn y que va sin chistar con los zapatos amarillos. Sabes que en eso no podes caminar, pero los sacas igual. Todo queda preparado para más tarde en una silla en el comedor porque primero tenes que ocuparte de otras cosas. Esperame, le decís a la Rayuela, y te vas a trabajar, y te pasas la mitad del día como autómata, pensando respuestas posibles a preguntas improbables, y cruzas la calle sin mirar, y almorzas cosas sin gusto, y volves a pararte frente al espejo. Los zapatos amarillos te vuelven inexplicablemente alta, pero dicen que estiliza. Salís engalanada, caminando en un contexto más bien sport en el que el brillo desentona. Sentís las miradas, la cuestión de a donde va esta mina, la imposibilidad de caminar más rápido sin fisurarte un tobillo. Llegas a tiempo para ver el despliegue de sillas, manteles, cables huérfanos de enchufe. La gente empieza a llegar, vienen a escucharte, te decís, más en tono de pregunta que de afirmación. Entonces es momento de sacar la Rayuela, de tirar la primera piedra, de guiñarle un ojo al fantasma de tus ídolos y empezar a hablar. “Y lo demás, francamente no importa.”

Ph: Presentación de “Resultó que éramos libres” en la 13° Feria del Libro de San Martín de los Andes (Neuquén, Argentina)

 

Un comentario sobre “Tiraste la piedrita y cayó en la Rayuela

  1. Sí Nati, lo demás también importa….. Importa que hay un nuevo libro en mesas de algunas librerías y que vos le diste vida. Importa que los cuentos que leí para acompañarte en tu presentación me encantaron, que hubo gente que vino “especialmente” a escuchar quien sos y que escribis. Importa que hay muchos que te aplaudimos por tanta valentía. Importa que tus cuentos sienten y que tienen una dueña que busca el corazón en el caos, que nos contás que hay una esperanza para sacar el velo que nos cubre y mirarnos a los ojos. Si Nati, importan tus zapatos amarillos, tus nervios de la primera vez, pero también importa que somos varios los que leemos tus lindas historias y pensamos que son muy hermosas. ¡Felicitaciones y vamos por más! Gracias por todo. 😍✍ 📖

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