La odisea del hilo choricero

“Hasta que no te pasa no sabés, dice mi madre, y tiene razón. Una vez que decidiste que vas a matar, no tolerás que no se muera.”

Me llega la recomendación de este libro por medio de un amigo que tiene puntos por acertar, pero desconfío, no de la novela sino de mí, de no estar segura de poder tolerar una trama que a primera vista podría ser dramática. No obstante, la tapa me intriga, sobre todo el vacío que se ve atravesado por una mujer elástica, con preciosos zapatitos dorados que clava en el empapelado floreado. Clavarle la suela al patrón de flores azules me gusta, la idea de herir el motivo naif. Entonces me decido, principalmente porque al ojearlo encuentro frases que necesito unir a una historia. Leo “hilo choricero”, “cardionero”, “acolchado de hojitas”, “cenizas”. Busco en google, con el perdón de mi patria, fotos de hilos choriceros y me lo imagino empleado en un sinfín de usos bizarros. Sonrío y me pongo a leer.

“Lo imaginaba muerto, pero no pensaba en separarme. Los segundos matrimonios solo les pasaban a las Vickis que se compran una afeitadora en cualquier lado  y se depilan en el ascensor.”

Trama: Una mujer se encuentra con la tarea sobrenatural de desarmar su hogar, después de 12 años de matrimonio disuelto, para mudarse a su nueva vida de divorciada. El proceso de embalado la pone a deconstruir su historia de pareja, la relación con su madre, las expectativas que cierto modelo de crianza le imprimieron en su imagen de familia. Sacar todos los objetos de los armarios también incluye ventilar los monstruos, los fantasmas de un pasado lleno de baches. Repensar su lugar de madre con el hijo que pudo tener. Revivir los acontecimientos anteriores a que ese hijo fuera posible. Las mudanzas tienen ese punto de inflexión en el que el tiempo se congela y uno puede tocar los recuerdos, amasarlos, habitarlos hasta el límite soportable. Desarmar es descubrir cosas que hubiera sido mejor seguir ignorando, porque ojos que no ven…

“La muerte sería más simple si no tuviéramos que respirar las cenizas con la certeza de que el olvido no es posible.”

Opinión: Sumergirse en esta historia es un gran viaje de honestidad brutal que habilita a repensar los roles desde una perspectiva humana e imperfecta, desde las pasiones radicales, las relaciones viscerales, las que se van anudando al costado del estómago. Ser capaz de sostener y desarrollar una narración en la que el conflicto ya ha ocurrido y solo queda lidiar con las consecuencias y hacerlo desde el sarcasmo, exponiendo la desnudez helada de las emociones, resulta en una lectura ágil, atrapante y sobre todo, cómoda, donde la princesa ya no está en peligro, no se esfuerza por esconder sus lágrimas tras pañuelos de seda, no se traga el veneno con el que fue inoculada durante años. Se libera a ella misma, siendo realmente honesta con sus emociones, y en el mismo acto desata todo un consorcio de cadáveres a los que les planta cara para sobrevivir. Permitirse transitar el dolor, sentir la angustia, decidir y actuar en consonancia con nuestras verdades únicas es una forma de sanar. ¿Quién dice que tenemos que salir ilesas del pasado? Quién no lleve marcas que tire la primera piedra.

“La puerta está cerrada, las cajas se alejan en el camión. Quedamos la cafetera, el hombre araña y yo”


RARA

Natalia Zito

Emecé – 2019

226 páginas.

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