A rastras la taza y su cuerpo.

“Muy temprano, de madrugada, incluso antes que el sol, Pedro enciende la primera luz. A su derecha, en la mesita de noche, el velador relampaguea hasta acomodarse al voltaje y brillar apenas sobre la cabecera de la cama. Las pantuflas le quedan grandes. Camina arrastrando los pies para no perderlas. Observa un momento su propio reflejo en el espejito de pared y luego en el metal curvado de la canilla. Ya no se molesta en lavarse los dientes, hace tiempo que conserva solo algunos, inútil recuerdo de un gran conjunto. En el baño no hay luz. No la necesita. Se maneja de memoria y a tacto. En la cocina cuelga torpe una bombita, que la ventisca a veces mece proyectando sombras altas en el revoque. La pava silva nerviosa y entonces Pedro se acerca y la calma bajando el fuego y echándole saquitos de yerba mate. Revuelve, un poco hipnotizado, con la mirada perdida en la cuchara y se lleva a rastras la taza y su cuerpo hasta el cuarto que usa de taller, donde enciende la tercera luz.”

Fragmento del cuento INCLAN Y 24 DE NOVIEMBRE incluido en RESULTÓ QUE ÉRAMOS LIBRES.

(Dunken-2018)

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