El tiempo de la nieve

La mujer desvelada mira por la ventana. El frío empezó a copar las madrugadas y pronto también formara parte de los días, tiñendo todo de blanco y gris. No se hace problema, el invierno siempre fue su hábitat. La idea del hogar como refugio, el aire volviéndose pesado y caliente, palpable, los vidrios nublándose de vapor, ella dibujando muñequitos en el empañado, la cara a medio camino de meterse en las ollas de guiso hirviendo. Mira por la ventana como los cerros se mantienen ocultos por las nubes bajas, algunas rosadas, otras plomizas. El silencio viene siempre lleno de posibilidades, se dice a si misma mientras espera con ansias la nieve, porque es ella la que limpia el cielo, el tiempo y el espacio, la que da lugar a lo eterno. El silencio que ocurre únicamente al nevar, un vacío de sonido tan rotundo y absoluto que insta a contener la respiración para que ni ella perturbe la calma.

La primera vez que vio nevar fue en un país extraño. La nieve formo parte de una experiencia que no solo le mostró otra cultura sino más bien, otra forma de pararse en el mundo y existir. El espacio que ocupa en las veredas y sobre las ramas de los árboles. Las hojas soportando mínimas montañas blancas sin caerse. El agua hecha cristal. La cara helada y pegajosa, insensible al tacto, los dedos torpes. El inmenso placer de sostener una taza de té con ambas manos y ver caer los copos desde el lado opuesto del ventanal.

La segunda vez ya estaba en casa y tras dormirse cada noche anhelando su llegada, la encontró colmando el patio entero, las sillas, la mesa, los marcos, las huellas que habían dejado el día anterior. El tiempo de la nieve es otro. El tiempo de saltar en pijama y salir a mirar el cielo, dejar que los copos te entren en los ojos y en la boca, que se te mojen las ropas. El tiempo de ver como hasta los pájaros se quedan en reposo, callados para no romper el hechizo.

El tiempo de la nieve es el tiempo del silencio y por eso espera la mujer desvelada, mirando por la ventana las nubes pesadas sobre las montañas, aguardando el instante en que por fin se desgarren y dejen caer su magia sobre el mundo. La primer nevada, la que reinicie el tiempo, purifique el espacio y haga que todo empiece a rodar de nuevo.

#lacolumnadeldomingo

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