Nada a medias

Caminando por el barrio encontré una pared que decía: “Involucrate del todo o no lo hagas”. Las medias tintas no fueron consideradas. Seguramente porque en la vida tampoco deberían existir. Nadie está mitad en un lugar y mitad en otro. Nadie quiere día por medio. Nadie sueña de a cuartos. ¿Por qué nos cuesta tanto pensar la existencia como un todo? Por miedo. Por comodidad. Por costumbre. Por que si el otro no da yo tampoco. Porque darlo todo es obligarse a pensar fuera del tarro. Dejar de seguir a la multitud y hacer la diferencia. Aceptar la herida y volver a intentarlo. No hay lugar en el mundo en donde se pueda estar completamente a salvo. Pensar es un peligro. Hablar es un arma. Amar es caminar continuamente entre vidrios rotos. Sin embargo pensamos, hablamos y amamos. Entonces, siendo inevitable, ¿por qué a medias? ¿Por qué no involucrarse de lleno? Orgulloso es el que camina erguido por encima de sus propios errores. Y sonríe.

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