Bajo la Santa Rita

“Primero que nada, debo confesar que lo amaba. Lo amé por mucho tiempo y casi desde el principio, desde que pude hablar con él y al instante amé las primeras palabras que salieron de su boca, siempre seca y ajada. Las amé porque era él quien las pronunciaba, sorprendentemente bellas, unidas con cintas de seda, subidas a una calesita en una tarde de sol. Flotaban en el viento caliente del verano y se negaban a caer, infinitas ellas como infinito él.”

Fragmento del cuento incluido en mi libro “Resultó que éramos libres”

 

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