Música por todos lados

Frenó en la banquina. Se sacó el cinturón.

La violencia de la tormenta era seductora. Magnética.
Música por todos lados. Sonidos explosivos.
Lluvia. Ráfagas de viento. Los arboles convulsionando.
María y Pablo besándose en la parte de atrás.
Clara se miró las manos, apoyadas con sorna en el volante.
Manchas negras. La sombra de las gotas que impactaban en el parabrisas.
En la cara, en el cuello, en el pecho.
Nacho dormía su puesto de copiloto.
Nadie prestaba atención.
La violencia de la tormenta era seductora. Magnética.
Música por todos lados. Sonidos.
Se sacó el cinturón.
Ahí adentro era seguro pero a Clara lo seguro la agrietaba.
Como tacitas de porcelana cuarteadas de tanto reposo.
Lluvia. Ráfagas de viento. Los arboles convulsionando.
Salió del habitáculo. Descalza.
Se acostó en el capot. Empapada. Congelada.
Nadie prestaba atención.

Publicado por Natalia Amendolaro

Buenos Aires, Argentina. 1990 Lectora voraz. Escritora de servilletas. Periodista cultural. Autora del blog Escriarte y del libro "Resultó que éramos libres" Colabora en la revista Liberoamerica, Sonámbula y el portal de noticias Realidad Sanmartinense. En la búsqueda permanente de nuevas formas de unir arte con palabras.

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