Y luego, el salto.

Y sobre todo, lo que nos hacía falta, como conjunto, era el abrazo. Por lo demás, lo teníamos todo. Aunque no tuviéramos nada en realidad. Todo lo que necesitábamos no estaba comprendido dentro de las muchas cosas que teníamos. Uno puede acumular toneladas de lo más inverosímil sin llegar nunca a sentirse poseedor, dueño de nada.
Sin embargo, y acá viene lo importante, yo te tengo. No como se tienen las plantas o las mascotas. O como se tienen los niños entre sí. Yo te tengo y vos, vos a mi también. Me tenes en los ojos, en el olor de tu pelo, en las partículas que han ido quedando bajo tus uñas. En el mensaje que escribí a escondidas con el vapor, en el espejo del baño. En las lapiceras que me dejo olvidadas en todos lados. En el plantin que cada tanto regamos juntos, cuando siento tu mano que me hace cosquillas en la espalda, sobre la columna, como ya sabes. Y es por todo lo que sabes, que me tenes. Como se tienen los sueños o las ganas o las esperanzas o las fuerzas. Porque lo único que nos hacia falta, como conjunto, era el abrazo. Inmenso. Doloroso. Eterno. Inmortal.
Y luego, el salto al vacío.

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