Jorge Asís y un chicle celeste

Los anteojos me pesan a ésta hora del día pero sin ellos la vista se nubla, los ojos se sienten tirantes, las luces y las lineas de texto se alargan como sombras de luna llena en una noche de claridad espantosa. Un libro de Jorge Asís y un Bobaloo celeste flotan a mi derecha. No llego a leer el titulo y no intento conocer el rostro del lector.

Suena la chicharra que anuncia la apertura de puertas. La multitud asoma desordenada, por partes.  Me rodea y me gana en altura. De pronto me sambuyo en un mar de brazos, piernas y bolsos. A pesar del bochorno, se que pronto podré salir.
Al pie de la escalera que sube sola espera un hombre con sombrero de copa blanca. Por la expresión de su cara advierto que hay algo que no llega. No puedo evitar pensar que quizás eso que aguarda esté en el tren vacío y apagado que vi alejarse mientras subía.
Por quedarme mirándolo pierdo la combinación del próximo tren. No importa. Me siento en el suelo del andén y aprovecho a escribir estas lineas en una servilleta que lleva la estampa de un bar al que no recuerdo haber ido y que de alguna forma apareció en mi bolsillo. “Habrá que apagar otro cigarrillo y aguantar para apostar”, escucho que dicen desde adentro de mis auriculares. Pienso en como ponerme de pie, pronto, antes que se me vaya otro tren.

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