Despertar


La suavidad del algodón. Arrastrando los pies arriba y abajo, lo primero de lo que fue conciente, el algodón de las sabanas acariciando su piel. Necesitó retorcerse un poco mas entre las telas, prolongar indefinidamente esa sensación de levedad, de tersura, de eterna delicadeza. No intento abrir los ojos, no lo necesitaba. El resto de sus sentidos estaban delirando. Inspiro profundo, extendiendo los brazos para abarcar la mayor cantidad de espacio a ambos lados, y al hacerlo, se lleno completamente el alma de frescura. El viento arrastraba esencia de lluvia, perfume de tierra mojada. Oxigeno. Volvió a revolverse entre las sabanas, disfrutando de estar en pleno contacto su cuerpo desnudo y el algodón. Afuera, la tormenta hacia cantar a los atrapasueños de madera que colgaban de la ventana. En ese único momento, no existía mejor lugar. Todavía arrastrando los pies por la sabana, se acaricio distraída los labios. Pestañeó. Al abrir los ojos, ya rozaban sus dedos una sonrisa. 


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